El nacimiento de Korgos

El torque dorado que Agon llevaba al cuello refulgía destellos purpúreos con cada golpe en que el Martillo de Almas aplastaba el alma de una víctima contra el Yunque de Obsidiana. Vestía unos pantalones de seda atados con un rico cinturón de oro y acero. Sobre su pecho desnudo goteaba el sudor a chorros debido al ímprobo esfuerzo de moldear las almas de doce sacrificios. Las víctimas yacían muertas y despedazadas en el centro de la sala circular, en el interior de un poderoso círculo creados con polvo de huesos de vírgenes.
La gran sala circular se encontraba en los sótanos de la Gran Torre de Agon, en un secreto valle de las montañas de Hatmat. La única entrada a la sala era una gigantesca puerta doble de bronce carmesí de Haugeel. Los bajorelieves de la primera puerta contaban la historia de cómo Agon aprendió a controlar los flujos del flogisto de su primer maestro, Flogos. Los de la segunda puerta cuentan como Agon superó a su maestro y abandonó su senda por ser esta débil e insuficiente para la ambición de Agon. Una vez superado su maestro, Agon encontró el favor de Morrigan, Diosa de la muerte, y de ella aprendió a manipular el alma de los humanos para usarla como combustible mágico de poder casi infinito.
Delante del Yunque de Obsidiana sobre el que Agon trabajaba con tesón yacía sobre un altar el cuerpo del que sería el primer sin-vida. El cuerpo de Korgos era una amalgama de piezas de las diferentes víctimas. Con cada golpe sobre el yunque, el alma de Korgos crecía y, poco a poco, despertaba a la consciencia.
Fue en ese momento cuando la enormes puertas de bronce empezaron a temblar. Al otro lado estaba Flogos, el antiguo maestro de Agon. Había seguido el rastro de Agon desde hacía meses, hasta encontrar por fin el valle secreto. Conocía sus viles intenciones y había llegado justo a tiempo para evitar la espantosa corrupción mágica que Agon se disponía a realizar. De sus manos brotaba un chorro de sangre que empujaba las puertas con una fuerza ciclópea.
"Detente, Agon, lo que estás intentando hacer no es magia, sino una terrible forma de corrupción que te destruirá a ti el primero", gritó Flogos. "Ignorante, no entiendes el verdadero poder aunque lo tengas delante", respondió Agon altivamente. A pesar de un actitud, Agon sabía bien que el poder de Flogos era grandioso y temible, y necesitaba ganar tiempo para completar su creación. Con la fuerza de las almas que se retorcían de horror en el Yunque Agon logró bloquear las puertas de bronce. El flujo de energía hacia las puertas hizo que la consciencia de Korgos se debilitara.
Finalmente, la gran magia de sangre de Flogos logró su objetivo y las puertas saltaron de sus goznes. Una catarata de sangre se precipitó en la sala cubriendo todo el suelo y chisporroteando de color púrpura al llegar al pentagrama. La sangre fue escalando las piernas de Agon que, desesperado, veía como no tenía suficiente energía para dar no-vida a Korgos. En un último momento desesperado, Agon invirtió una parte de su propia alma en el Yunque de Obsidiana. Su poderosa alma completó la parte que faltaba en el alma naciente de Korgos que, de pronto, abrió los ojos en su altar.
En ese momento Agos perdió la consciencia y cayó al suelo. De este modo nació Korgos, el primer sin-vida, el Liberado, que nació, pero no fue vinculado y por tanto era libre. Flogos había llegado tarde, el primer sin-vida había nacido y la era de los Reyes Brujos había comenzado.


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