Cosmogonía
Os doy las pinceladas más básicas de cosmogonía, a partir de ahí las versiones varían mucho dependiendo de la región, la religión, etc... Y la historia no es tampoco muy precisa, así que os podéis inventar lo que queráis y tomarlo como el canon de lo que se cuenta en vuestra región.
El tiempo sin tiempo
Al principio solo existía el Vacío y su guardián Null, Antiguo Eterno de la neutralidad, encargado de que nada sucediera, nada existiera y nada cambiara. Tras eternidades sin tiempo, desde otras dimensiones abrieron un pasaje al Vacío para deshacerse de Leviatán, Antiguo Eterno del caos, desterrándolo allí para salvaguardarse de su destrucción. Aunque Null gobernaba con omnipotencia su bolsillo de realidad no podía destruirlo porque eso iría contra el mandato neutral de "nada nace, nada muere". Aún así, angustiado por la presencia caótica de Leviatán, decidió escindir su cuerpo y su esencia, convirtiendo el primero en cadáver y poniendo la segunda en un eterno sueño. Sin embargo esto contravino la esencia de inacción de Null, debilitando todo el Vacío y haciendo más débiles sus fronteras. El cadáver de Leviatán, bullente de caos, mutaba: Sus ojos en lunas, su corazón en sol, su carne en tierra, su sangre en mares, su aliento en vida y flogisto. Sus restos son lo que conforman nuestro mundo, girando en el vacío. Null vio horrorizado cómo de Dhegom nacía vida cambiante y entendió su error al haber sido él mismo agente del cambio. Decidió entonces permitir la existencia de entre todo lo que no existe a Cora, Antigua Eterna madre de la creación y esencia de la Ley para enfrentarla al Caos y mantener el equilibrio, y entonces se retiró para no volver a escapar de la inacción jamás.
La era de las maravillas
Cora impuso orden en el crecimiento caótico de la vida. Estructuró las normas y jerarquías naturales. Quiso dar cabida a animales que gobernaran sobre el resto de animales, estructurando aún más sus interrelaciones, y emulando los tres pincipios básicos que existían en el Vacío, creó tres razas para gobernar Dhegom: Las Esfinges, que gobernaron con astucia y poder Sipar y Charybdis; los Titanes, que gobernaron con fuerza Aereth e Hiperbórea; y las Nagas, que gobernaron con magia todo Nault. Estas tres especies inteligentes y poderosas vivieron en Dhegom durante milenios, y necesitando algo sobre lo que gobernar más que bestias salvajes, emularon a Cora creando especies más interesantes que pudieran usar como sirvientes. Las Esfinges crearon a los medianos, los Titanes a los enanos y las Nagas a los elfos. Cientos de dioses entraron al vacío, atraídos por este acto de creación. Fue una época de prodigios, pero pronto el equilibrio de poderes comenzó a debilitarse y estalló una guerra terrible e interminable entre las tres especies. Entonces Cora entendió el error de repartir el poder entre tres especies. Selló el Vacío y dio forma a una especie suprema con inteligencia, fuerza y magia destinada a gobernar sobre el resto y unificar el mundo, acabando así con la guerra: Los dragones.
La era de los dragones
Los dragones sometieron a esfinges, titanes y nagas, que desaparecieron escondiéndose en los rincones más recónditos de Dhegom. Sus sirvientes se aislaron y comenzaron una larga decadencia. Los dragones, orgullosos y gobernantes de todo cuando existía, decidieron crear sus propios sirvientes, dando lugar a los humanos, que se expandieron por todo el mundo. Cora vio con satisfacción cómo los dragones mantenían el orden sin resistencia, y recordando el error de Null, se sumergió en un sueño para evitar la tentación de realizar más cambios y salvaguardar así el orden para siempre. Durante los milenios de estatismo que supuso esta era, los dragones exploraron el Vacío, alcanzando sus fronteras. Observaron entidades de otros mundos realizar prodigios sin igual, y sintiéndose amenazados investigaron el flogisto para conseguir poderes como estos. Desvelaron los secretos de la magia más poderosa y al sentir la protección de Cora más débil con cada siglo de sueño, acumularon extensas bibliotecas de conocimiento. Inesperadamente algunos sirvientes mortales, subestimados por los dragones, aprendieron de sus bibliotecas los secretos de la magia. Haciendo uso de esta nueva arma y aprovechando la decadencia de sus amos, se produjo una rebelión que desterró a los dragones a los confines del mundo. Los poderosos líderes de esta rebelión se convirtieron en los nuevos señores.
Los reyes brujos
Los reyes brujos eran conscientes de su debilidad y mortalidad, lo que los hizo paranoicos y sedientos de poder. Extensos imperios hicieron correr ríos de sangre en busca de la inmortalidad y el poder, guerras de esclavos y magia hollaron Dhegom. Fue una era sin dioses ni esperanza que la humanidad trata de olvidar.
Los reyes brujos acumularon tanto poder como pudieron, sintiéndose dioses y sabiendo que el sello que impuso Cora al Vacío antes de dormir era cada vez más débil. Cuando estos sellos finalmente se desvanecieron y los dioses regresaron, se produjo una breve guerra que acabó con los reyes brujo para siempre.
La era de los mortales
Los dioses tienen agendas misteriosas, y ejercen su influencia sobre este mundo con quién sabe qué objetivos, pero desde lejos. Por primera vez humanos, elfos, enanos y medianos son libres de amos y tiranos. Eclécticas naciones y reinos forjan sus propios destinos en un mundo aún herido, con la esperanza de que los dioses sean benévolos y los Antiguos Eternos no despierten jamás de su sueño.
El tiempo sin tiempo
Al principio solo existía el Vacío y su guardián Null, Antiguo Eterno de la neutralidad, encargado de que nada sucediera, nada existiera y nada cambiara. Tras eternidades sin tiempo, desde otras dimensiones abrieron un pasaje al Vacío para deshacerse de Leviatán, Antiguo Eterno del caos, desterrándolo allí para salvaguardarse de su destrucción. Aunque Null gobernaba con omnipotencia su bolsillo de realidad no podía destruirlo porque eso iría contra el mandato neutral de "nada nace, nada muere". Aún así, angustiado por la presencia caótica de Leviatán, decidió escindir su cuerpo y su esencia, convirtiendo el primero en cadáver y poniendo la segunda en un eterno sueño. Sin embargo esto contravino la esencia de inacción de Null, debilitando todo el Vacío y haciendo más débiles sus fronteras. El cadáver de Leviatán, bullente de caos, mutaba: Sus ojos en lunas, su corazón en sol, su carne en tierra, su sangre en mares, su aliento en vida y flogisto. Sus restos son lo que conforman nuestro mundo, girando en el vacío. Null vio horrorizado cómo de Dhegom nacía vida cambiante y entendió su error al haber sido él mismo agente del cambio. Decidió entonces permitir la existencia de entre todo lo que no existe a Cora, Antigua Eterna madre de la creación y esencia de la Ley para enfrentarla al Caos y mantener el equilibrio, y entonces se retiró para no volver a escapar de la inacción jamás.
La era de las maravillas
Cora impuso orden en el crecimiento caótico de la vida. Estructuró las normas y jerarquías naturales. Quiso dar cabida a animales que gobernaran sobre el resto de animales, estructurando aún más sus interrelaciones, y emulando los tres pincipios básicos que existían en el Vacío, creó tres razas para gobernar Dhegom: Las Esfinges, que gobernaron con astucia y poder Sipar y Charybdis; los Titanes, que gobernaron con fuerza Aereth e Hiperbórea; y las Nagas, que gobernaron con magia todo Nault. Estas tres especies inteligentes y poderosas vivieron en Dhegom durante milenios, y necesitando algo sobre lo que gobernar más que bestias salvajes, emularon a Cora creando especies más interesantes que pudieran usar como sirvientes. Las Esfinges crearon a los medianos, los Titanes a los enanos y las Nagas a los elfos. Cientos de dioses entraron al vacío, atraídos por este acto de creación. Fue una época de prodigios, pero pronto el equilibrio de poderes comenzó a debilitarse y estalló una guerra terrible e interminable entre las tres especies. Entonces Cora entendió el error de repartir el poder entre tres especies. Selló el Vacío y dio forma a una especie suprema con inteligencia, fuerza y magia destinada a gobernar sobre el resto y unificar el mundo, acabando así con la guerra: Los dragones.
La era de los dragones
Los dragones sometieron a esfinges, titanes y nagas, que desaparecieron escondiéndose en los rincones más recónditos de Dhegom. Sus sirvientes se aislaron y comenzaron una larga decadencia. Los dragones, orgullosos y gobernantes de todo cuando existía, decidieron crear sus propios sirvientes, dando lugar a los humanos, que se expandieron por todo el mundo. Cora vio con satisfacción cómo los dragones mantenían el orden sin resistencia, y recordando el error de Null, se sumergió en un sueño para evitar la tentación de realizar más cambios y salvaguardar así el orden para siempre. Durante los milenios de estatismo que supuso esta era, los dragones exploraron el Vacío, alcanzando sus fronteras. Observaron entidades de otros mundos realizar prodigios sin igual, y sintiéndose amenazados investigaron el flogisto para conseguir poderes como estos. Desvelaron los secretos de la magia más poderosa y al sentir la protección de Cora más débil con cada siglo de sueño, acumularon extensas bibliotecas de conocimiento. Inesperadamente algunos sirvientes mortales, subestimados por los dragones, aprendieron de sus bibliotecas los secretos de la magia. Haciendo uso de esta nueva arma y aprovechando la decadencia de sus amos, se produjo una rebelión que desterró a los dragones a los confines del mundo. Los poderosos líderes de esta rebelión se convirtieron en los nuevos señores.
Los reyes brujos
Los reyes brujos eran conscientes de su debilidad y mortalidad, lo que los hizo paranoicos y sedientos de poder. Extensos imperios hicieron correr ríos de sangre en busca de la inmortalidad y el poder, guerras de esclavos y magia hollaron Dhegom. Fue una era sin dioses ni esperanza que la humanidad trata de olvidar.
Los reyes brujos acumularon tanto poder como pudieron, sintiéndose dioses y sabiendo que el sello que impuso Cora al Vacío antes de dormir era cada vez más débil. Cuando estos sellos finalmente se desvanecieron y los dioses regresaron, se produjo una breve guerra que acabó con los reyes brujo para siempre.
La era de los mortales
Los dioses tienen agendas misteriosas, y ejercen su influencia sobre este mundo con quién sabe qué objetivos, pero desde lejos. Por primera vez humanos, elfos, enanos y medianos son libres de amos y tiranos. Eclécticas naciones y reinos forjan sus propios destinos en un mundo aún herido, con la esperanza de que los dioses sean benévolos y los Antiguos Eternos no despierten jamás de su sueño.


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